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Comunidad de Son exactamente las 6:30 de la mañana, cuando la voz del Cura Párroco comienza a retumbar por las solitarias calles del centro de Puchuncaví.
Son cerca de 30 los vecinos que se han congregado para participar del Rosario de la Aurora, antigua tradición que indica que durante el mes de María, cada día sábado los fieles suben caminando al Cerrillo para honrar a la virgen.
El camino no es corto, la mañana está fría y una leve llovizna acompaña a los fieles, quienes repiten con respeto y en un sepulcral silencio, las oraciones dirigidas por el cura párroco.
Son cerca de cuarenta y cinco minutos de caminata, que nos llevarán a la cumbre de El Cerillo, al altar ubicado en ese lugar, donde a los pies de la imagen de la virgen, se celebrará una misa, teniendo como siempre como centro el honor a la santa virgen madre de Dios.
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El grupo de personas ya se acerca a la parte final de trayecto. El destino se esconde entre las nubes, como vigilando el paso tranquilo y sereno de las personas que en procesión han caminado cada sábado del mes de noviembre (imágenes)
Subiendo a lo más alto, el grupo se detiene para orar por un Puchuncaví que se ve pequeño y distante, para orar por su gente y por aquellos que un día partieron al encuentro de Dios.
Ya en la cumbre, el fervor resuena con más fuerza.
Casi se copa la capacidad de los asientos existentes en el altar del Cerillo, donde una virgen serena contempla a su pueblo, el que se esconde tras una mañana gris y fría. El cura párroco clebra la eucaristía, donde cada uno de los presentes renueva su devoción a la Virgen María, donde cada uno mantiene vivo en sus corazones una tradición tan antigua de la comuna de Puchuncaví, la que quisimos traer hasta sus hogares para que las nuevas generaciones la conozcan y vivan.
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